lunes, 7 de noviembre de 2011

Encofrados de depósitos – Descripción.


Generalmente, los grandes depósitos para almacenaje de líquidos, principalmente el agua, e incluso para sólidos, como sucede en el caso de los silos, se construyen de hormigón.

Suele ser muy frecuente ver depósitos de forma o sección circular, pero ello no excluye el que se puedan obtener de otra sección cualquiera.

Podemos decir en líneas generales que todo cuanto se ha dicho hasta aquí es ampliamente aplicable al capítulo de encofrado de depósitos, sólo variarán las dimensiones. Así si tratamos de encofrar un depósito de forma o sección cuadrada o rectangular, seguiremos la misma técnica empleada en el encofrado de pilares y muros, etc.

Por ser más frecuentes, como ya hemos dicho, los depósitos de planta circular, y por tener, además, ciertas características especiales, vamos a dar a continuación una detallada exposición acerca de los mismos.

sábado, 22 de octubre de 2011

Encofrado de puentes:


Por la rapidez de construcción y su larga duración, las grandes obras de fábrica que salvan los vanos de ríos, vaguadas o brazos de mar, se construyen con hormigón en masa o armado. En muchas ocasiones hay que enfrentarse con casi insolubles problemas de cimentación, montaje de cimbras, castilletes de apeo y hormigonado. Pero con una buena técnica, se puede decir en idioma vulgar que no hay puente que se resista.

En la técnica del encofrado de puentes de gran envergadura, no entra sólo el aspecto del molde, sino la resistencia de los elementos que lo han de sostener. En ocasiones hay que construir verdaderos castillos que forman el armazón resistente del molde propiamente dicho.

Clasificación
Indudablemente, en general se da el nombre de «puente) a toda obra de fábrica cuya finalidad es la de salvar un vano o solución de continuidad en el terreno para una vía de acceso, tal como carretera, ferrocarril, canal, etc. En ingeniería, estas obras de fábrica se agrupan según la luz libre o hueco de obra construida, en:
Caños, cuando la obra de fábrica proyectada tiene una luz libre de 0,60 o 0,80 m.

Tajeas, para aquellas obras de fábrica cuya luz libre va de 0,50 a 1,00 m, pudiendo ser de losa de tapa o de bóveda de arco.

Alcantarillas, cuando la luz libre llega a 3,00 m.
Pontones, si la luz libre no rebasa de 8,50 m.
Puentes propiamente dichos, cuando la luz libre es superior a 8,50 m.

Dentro de esta clasificación hay que distinguir entre los puentes de tablero y los de arco, ya sea circular (de medio punto, rebajado, peraltado, etc.), parabólico o de cualquier otro tipo.
Las obras de fábrica de peq&eia luz ofrecen pocas dificultades al encofrador y vamos a describir su montaje en breves líneas.

En la figura 131 vemos una obra de este tipo, de losa o tablero. Se llaman estribos los muros laterales sobre los que apoya el tablero. El encofrado de estos estribos no se diferencia en nada del ya descrito para los muros, constando de tableros ya conocidos sobradamente. Los paramentos internos pueden ir escalonados, si la altura es considerable, inclinados en un suave talud o ser totalmente de un mismo grueso. Cualquiera que sea su forma, no ofrece dificultad su encofrado.

La losa se encofra igualmente como ya explicábamos en el capítulo de suelos, incluso puede llevar, como allí sucedía, vigas largueras que son los elementos resistentes. 

 
Los paramentos exteriores, es decir, los vistos, son siempre verticales y se encofrar como los interiores.

Puentes de arco.

Alcanzan los de este tipo las mayores luces conocidas, siendo innumerables de ellos verdaderas obras maestras de la ¡ngenler(a moderna. 







Los puntes de arco de luces no muy grandes suelen hacerse a base de medias circunferencias, por lo que reciben el nombre de medio punto (figura 132). Cuando el arco es menor que una semicircunferencia, reciben el nombre de arcos rebajados, como el de la figura 133. Pueden también adoptar forma elíptica (figura 134), y la más generalizada, en virtud de sus propiedades técnicas, es la parabólica.

Cuando el vano a salvar es de considerable anchura, se div:de el mismo en varios tramos mediante un puente que consta de unos pilares centrales y entre ellos bien tablero o arco.

Volviendo a la figura 132, que nos va a servir en nuestra descripción general, vemos que los encofrados de los paramentos de los estribos están formados por tableros en donde las tablas están dispuestas horizontalmente, los cuales se apoyan contra unas carreras horizontales. Todo este armazón se apoya, a su vez, en tablones clavados verticalmente en el suelo, los cuales suelen recibir el nombre de velas, por su parecido con éstas. 






 
Para evitar que las velas se venzan al empuje del hormigón, hay que disponer tornapuntas en e! paramento del lado del terreno. En los que han de quedar vistos, como se ven en fa citada figura 132, si la luz no es excesiva, se emplean codales que ofrecen mayor seguridad.

La disposición de los distintos elementos dependen del empuje de hormigón que deben soportar. La separación entre las carreras es función de dicho empuje.

Para darle forma al arco se emplean unas piezas llamadas cimbras, las cuales van montadas sobre unos caballetes que les sirven de apoyo. Estas cimbras o formeros (reciben muy diversos nombres según las regiones) llevan en su parte alta la forma a dar al arco y sobre las cuales se apoyan las tablas del encofrado del arco. En la figura 135 vemos una cimbra para arco de medio punto.

La cimbra se compone de los camones, que pueden ir en una o varias filas para mayor refuerzo, el tirante o pieza horizontal, y los jabalcones, que son a modo de tornapuntas de la pieza.

Entre las cabezas de los castilletes y los tirantes de las cimbras se colocan las cuñas, cuya misión principal no es la de llevar a su posición exacta la cimbra y, por lo tanto, el encofrado de la obra, sino la de facilitar la labor de desencofrado, cosa que no podría efectuarse sin esas cuñas. 

Colocados los castilletes, se montan las cimbras y se arriostran. Se colocan algunas tablas del encofrado de la bóveda, para mantener entre sí la distancia debida y que se mantengan verticales. Después se coloca el resto de las tablas que forman la superfkie inferior de la b6veda. La superior no va encofrada, o lleva tan sólo unas tablas en los arranques, ya que suele adoptar la caída del hormigón a dicha superficie.


ENCOFRADO DE CUPULAS.



Un caso particular de las bóvedas lo constituyen las cúpulas, que vienen a ser unas bóvedas cerradas sobre planta circular o elíptica. También puede considerarse generada por un arco que gira alrededor de su eje vera tical. La más característica es la cúpula esférica, generada por un arco de medio punto.

De lo anterior se deduce que la osatura correspondiente a cualquier cúpula se compondrá de un robusto eje (de sección redonda) al que se une una serie de medias cimbras. Las tablas del encofrado del intradós, convenientemente recortadas, se clavan sobre la osatura mencionada, como en las demás bóvedas (figura 130). 


Encofrado de Bovedas.


Cuando la bóveda a encofrar pertenece al grupo fundamental de las cilíndricas, o sea, que es generada por un arco directriz, que se traslada a lo largo de un eje, el encofrado viene a ser similar al del arco generador. En lugar de dos cimbras, se compondrá de un número mayor, según la longitud de la bóveda y la luz, de los que dependen su peso. Las tablas del intradós serán mas largas, y si su longitud es menor que la de la bOveda, se procurará que los extremos de las tablas coincidan sobre una de las cimbras intermedias.

La figura 120 representa un ejemplo de esta clase de encofrado. Si los testeros son libres, pueden
encofrarse como se ha explicado en los arcos, o mediante plantillas especiales que se fijan con barrotes, carreras y puntales adaptados a la forma de la bóveda (figura 121).

Para encofrar otros géneros  de bóvedas, como las de rincón de claustro, por aristas, esquifadas, estrelladas, etc., se forma primero con cimbras y medias cimbras una osatura y sobre ésta se clavan las tablas de encofrado del intradós.

En las figuras 122 y 129 se representan varios encofrados, en planta u sección, para estos tipos de bóvedas. 


viernes, 30 de septiembre de 2011

Encofrado de Arcos.


Para el encofrado de arcos rigen las mismas reglas explicadas ya para suelos y muros. La diferencia principal estriba en que para formar el intradós de estos elementos se precisa colocar unas cimbras sobre las que se apoyan las tablas del encofrado del arco. Las figuras 113, 114, 115 y 116 son ejemplos de diferentes cimbras cuya variedad es inmensa, adaptandose a las diversas formas de arcos que se emplean en la construcción. El extradós no necesita encofrado, ya que enlazará en los demás elementos del edificio (muros, pilares u otros arcos) (1).

Como el arco suele tener el ancho de la pared en que se abre, se colocan dos cimbras paralelas, en línea con los paramentos, y sobre las mismas se clavan las tablas de encofrado del intradós, recortadas a una longitud igual al grueso del muro (figura 117).

Los testeros se encofran con tablas horizontales como un muro. Si el arco es pequeño, tapándolo del todo (figura 118), y si es grande, escalonadas dejando libre el hueco (figura 119). 









Enconfrado de voladizos: Marquesinas, cornisas.

MARQUESINAS 

El encofrado de marquesinas de hormigón armado suele ser igual al de cualquier voladizo, con la ventaja de que por situarse éstos a poca altura, los apeos pueden apoyar en el terreno.



CORNISAS

El encofrado de cornisas sólo se diferencia del de aleros en la mayor o menor complicación que ofrece la configuración de la cornisa, siendo las esquinas los puntos que exigen mayor cuidado del encofrador. Se dispondrán unos calibres o plantillas negativas recias que siguen la configuración de la cornisa, deducido el grueso de las tablas. Estas plantillas harán las veces de costillas y sobre las mismas se clavaran las tablas del molde (figura 112). 


Encofrados de Voladizos: Aleros

Los voladizos de aleros de cubiertas suelen encofrarse como los balcones descritos anteriormente, no ofreciendo dificultades el que el alero, a veces, siga la pendiente del tejado. Lo difícil no suele ser el encofrado en sí, sino su apeo, ya que los aleros suelen estar a considerable altura, lo que obliga a colocar los apeos inclinados para apoyarlos en el muro del edificio (figura 111). 





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